
El remo fue el último de los deportes que practiqué con intención competitiva. Me inicié en el remo cómo un nuevo reto después de probarlo en unas jornadas de “Relevo Paralímpico”. En estas jornadas Juanba salió conmigo en un bote de remo de mar doble, y la verdad que la experiencia me gustó mucho eso de desplazarme sobre el agua y ‘ver’ Valencia desde otro sitio diferente y peculiar, aunque también he de confesar que me pareció bastante difícil.
Esa jornada fue en noviembre de 2019, y no fue hasta enero de 2020 cuando volví a hacer algo de remo, y esta vez no fue en el agua, fue sobre una máquina de remoergometro. Y es que la Federación Española de Remo convocó un test de 6000 metros en remoergometro de acceso al equipo nacional de remo adaptado, que hasta entonces no existía. Y sin haber probado ni un solo día la dichosa maquinita me senté en un remoergometro de un gimnasio con Juanba, quien fue mi primer entrenador, para hacer el test, y al cabo de unos días al ver los resultados de todos los que nos presentábamos en toda España me sorprendí viéndome el segundo de mi categoría y de la general, así que decidí tomármelo más enserio. Invertí en una máquina, que no es una máquina ni barata ni fácil de conseguir en aquel entonces, todavía no se porque, para poder entrenar en casa.
Le pedía planes de entrenamiento, de la selección absoluta de remo, a un conocido. Y así día tras día haciendo lo que podía fui enganchándome al remo y perdiendo peso. Al cabo de unos meses convocaron un nuevo test, esta vez de 2000 metros, otra oportunidad de medirme con el resto de remeros que intentaban entrar en el equipo nacional, y comprobar que no se me daba tan mal. Tras este test llegó el confinamiento en casa por la pandemia de COVID-19, así que seguí dándole a la máquina y sin tocar agua durante unos meses más.
Una vez se relajó un poco la cosa y nos dejaron hacer deporte, pusimos un poco de empeño en empezar a remar en el agua. Y fue entonces cuando me di cuenta del inconveniente más grande que tenía este deporte, y es que ahora dependía de varias personas para poder salir a remar. Y es que la embarcación en la que entrenábamos era una yola, en la que íbamos 4 remeros y un timonel. Con lo cual os podéis imaginar la dificultad para cuadrar horarios de 5 personas para remar, cada uno con sus objetivos y sus cosas personales… igual remábamos a las 6.30 de la mañana que a las 7 u 8 de la tarde, que igual se suspendía el entrenamiento cuando ya había salido de casa. Si, porque a pesar de remar en el puerto de Valencia, desde que salía de casa hasta que llegaba al club pasaba más de una hora, y para volver lo mismo. Pero bueno cuando a uno le gusta lo que hace las adversidades se hacen más pequeñas.
Primero entrené con Juanba unas semanas, y luego el equipo fue creciendo. Muy pronto se unió David Casinos, un viejo amigo y laureado atleta con el que coincidí en atletismo, y Erika Gonzalez, una chica que se iniciaba en el deporte. Ambos fuimos compañeros de equipo y rivales a la vez para conseguir un puesto en el bote de la selección española. Bote que debía tener unas peculiaridades muy especifica, y es que la tripulación debía estar equiparada en sexos, es decir 2 hombres y dos mujeres. Y de estos 4 componentes tan solo podía haber, como mucho dos ciegos, y al menos dos discapacitados físicos, pudiendo variar esta composición y ser de hasta 3 o 4 físicos y ningún ciego.
Comenzamos con Juanba, pero este no tardó en pedir ayuda a Nacho Perez para planificar los entrenamientos. Nacho empezó a entrenarnos y además a salir con nosotros, bien de timonel, bien de 4º remero si hacía falta o bien acompañándonos en una motora o incluso en un bote de remo individual. A su vez Nacho incluyó en el equipo a Ignacio Martinez, un prestigioso entrenador personal, que se ofreció a ayudarnos a mejorar nuestra forma física. Y también a un gabinete de nutrición que nos planificó durante un tiempo.
Teníamos un equipazo técnico, con personas que se preocupaban por nosotros y nuestro rendimiento, pero nos faltaba lo más importante en un deporte tan técnico como es el remo, salir al agua en la embarcación adecuada y con material adecuado. Aquí era donde fallábamos, y es que el Club de remo Ciudad de Valencia tenía lo que tenía, una yoleta de mar, una yola y un doble de mar, pero nosotros necesitábamos un cuatro olímpico con timonel y un doble olímpico. Es obvio que no podíamos esperar que el club comprara una de esas embarcaciones para nosotros, pero quizá podían haberla pedido prestada o alquilarla al menos las semanas anteriores a los campeonatos importantes, y no fue el caso. De hecho en el primer campeonato de España de larga distancia que participamos quedamos los 3 últimos clasificados (yo el primero de los 3 ;-)…) quedando en evidencia quien entrenaba con los medios adecuados y quien no.
Entre tanto la federación española de remo convocó la primera concentración para formar un nuevo equipo Nacional de remo adaptado, a la que fuimos 11 remeros en función de nuestros resultados en los dos tests convocados. El objetivo de esta concentración y de las siguientes era confeccionar la embarcación que asistiría a la regata clasificatoria paralímpica. Y desde el primer día ya se vio claramente por quien apostaba la seleccionadora, y yo no estaba, ni estuve nunca entre sus favoritos, básicamente porque estaba gordo.
Conforme fue pasando el tiempo el acceso a las concentraciones ya no dependía de tests en remoergometro, sino de resultados en campeonatos de España de dobles mixtos, otra categoría como podéis ver, totalmente diferente a la cual era el objetivo por el que luchábamos. Y en la que cada deportista discapacitado se buscaba una pareja lo más buen remera posible con el fin de quedar lo más adelante posible en la regata clasificatoria. En este punto fue donde empecé a tener dificultades, y es que en Valencia el remo no es un deporte muy practicado y por ello me fue difícil encontrar una pareja femenina con experiencia y tanto dominio del remo como la que llevaban prácticamente el resto de competidores, que algunos llevaban hasta profesionales del remo…
La chica que primeramente fue mi pareja era Bela, no era una profesional de remo, pero si una futura promesa. Nos entendimos muy bien en la embarcación y hicimos lo que pudimos en las regatas que competimos. Por motivos de estudios y demás cambié de pareja de remo a Marta, otra futura promesa. Con Marta la cosa fue diferente porque tenia potencial pero nunca se había subido a un doble olímpico, es más le daba miedo y tuvo que luchar contra el en los entrenamientos previos a nuestra regata final, y lo consiguió con creces. No me quejo de ninguna de las dos parejas que tuve, es más, quizá no fue culpa suya que no consiguiera los resultados que buscaba, y fue mía.
Por lo menos notaba que había gente que me apoyaba, a parte de Nacho y Ignacio. Y es que en las concentraciones de la selección valenciana de remo el seleccionador me decía que confiaba en mí y que tenía potencial, aunque era primordial que perdiera peso, cosa que ya tenía claro. También Tania, secretaria de la Federación de remo de Valencia confiaba en mí y me apoyaba, al igual que Vicente y Pioto, dos componentes del equipo técnico de la selección española.
Pero cuando se empezó a acercar la fecha de la regata clasificatoria para los Juegos paralímpicos, surgió un nuevo rival por un puesto en el bote. Un chico, que a pesar de ser el más joven de todos, era el más experimentado en el remo de todos los que asistíamos a las concentraciones, y ya llevaba años compitiendo en remo paralímpico. Pero lo hacía en una categoría superior de discapacidad (PR2, categoría en la que están englobados los deportistas con discapacidad física sin movilidad en las piernas, y que compiten en una embarcación doble mixta o individual en algunos campeonatos internacionales), al que encima entrenaba la que por aquel entonces era seleccionadora nacional. Bien, pues este chico, se subió de categoría al PR3 para luchar por un puesto en el 4 con timonel que se estaba formando, y lo consiguió desde el principio. Sin que a nadie le extrañara que de repente compitiera utilizando sus piernas, cuando hasta entonces lo había hecho sin ellas.
La última regata clasificatoria para el equipo nacional ya de cara a formar el equipo que acudiría a la regata clasificatoria para los Juegos se celebró en Banyoles. Hacía muchísimo viento y el agua estaba muy peleona. Por ello la regata se retrasó más de 5 horas. En esas horas de paro del remo, en las aguas del campo de regatas de Banyoles, se vieron hasta windsurfistas, para que os hagáis una idea del viento que hacia. Bueno pues ya a las 20.30 llego la hora a la que se había aplazado la regata y todo parecía estar igual y ¡¡el agua seguía igual de mal!! pero los directivos de la federación decidieron que la regata siguiese adelante si o si.
Nos costó la vida llegar hasta la salida, y una vez allí, mantenernos colocados en nuestra calle fue todo una odisea. El juez de salida comentó por el walkie-talkie a la organización que el agua no estaba para remar, a lo que le contestaron que diera la salida de esa manga y que ya se suspenderían todas las restantes… así que nada, dio la salida y todos remaron hasta la meta luchando por un puesto en la selección, mientras mi compañera Marta y yo luchamos por llegar al final sin caernos, peleando contra viento y marea, y viendo como desde el principio se esfumaban todas las posibilidades de seguir en la selección a muy pocos días ya de la concentración final para la regata clasificatoria para los Juegos Paralímpicos de Tokio. Aun no habíamos llegado a tierra cuando yo ya había tomado la decisión personal de no seguir compitiendo en remo.
Después de tomar la decisión de dejar de competir en remo a nivel competitivo seguí remando unas semanas para acabar la temporada y la verdad es que fueron los días en los que mejor me lo pasé. Será por eso de remar sin presión ninguna, o bien porque me quite el peso de encima, pero en esos días salimos en el doble y en el individual y nos íbamos a mar abierto con las olas y todo y disfruté mucho.