Sin ningún objetivo por delante me hablaron de las carreras de montaña y me picó el gusanillo de probarlas. Y en la temporada 2012, viendo que ya no iba a poder llegar a los Juegos Paralímpicos de Londres como atleta empecé a hacer mis incursiones en la montaña. De mano de Jesús (guía) y junto con antiguos amigos y conocidos como Juan Menos o Justo, formamos una barra y salíamos a veces a entrenar por la montaña. El ambiente me gustó, y el ritmillo al que entrenábamos también, bastante más lento a lo que estaba acostumbrado a ir por la pista, así que era llevadero.
Al cabo de unos meses entrenando me dijeron que íbamos a ir a una media maratón de montaña, y yo me apunté sin pensarlo mucho ¡y eso que aún no había hecho ni una media maratón en asfalto en mi vida! Pero bueno son de estas cosas que hay que probar y como se va en equipo pues sabe mejor. Y lo preparamos durante unas semanas más. Incluso corrimos alguna carrerilla de montaña por aquí cerca de Valencia con buenas sensaciones.
Cuando llegó la fecha nos fuimos para Andorra. La noche anterior en la cena estábamos todos en el hotel y había un ambiente genial. Me dí un paseo por las mesas a ver si veía a alguien conocido, porque sabía de algunos que hacían o hicieron montaña y efectivamente encontré a varios conocidos y amigos con los que coincidí en otros deportes. Entre ellos Charlie, un viejo amigo, que conocí en Judo, un gran judoca y mejor persona. El me empezó a preguntar mis tiempos en carreras largas y demás y yo no sabía porque, y sin saberlo casi me metí en su barra para la carrera del día siguiente. Ya no iba a correr con el equipo de Valencia, sino que me iba con Charlie y su guía Cristo, otra bellísima persona. Se ve que eso es lo normal en estas competiciones, que se pueden mezclar equipos y demás hasta la noche de antes.
Bueno a la mañana siguiente desperté pronto y con los nervios de la carrera ya en el estómago. Yo no iba ni nervioso porque iba a disfrutar de la carrera y a acabarla. Pero la noche anterior me cambiaron los planes y ahora estaba en un equipo que iba a luchar por ganar. Bueno pues correremos más de lo que pensábamos me dije.
Estando por allí por la zona de la salida me encuentran Cristo y Charlie y ya me voy a calentar con ellos. El ambiente era brutal, me encantó el buen rollo entre todo el mundo. Después de calentar y estirar un poco ya nos fuimos hacia la línea de meta. Allí me encontré con más viejos amigos como Toni Franco, atleta amputado de un brazo, que no había visto el día anterior en la cena y charlamos un rato muy breve, porque pronto nos dieron la salida. Y entonces tocó correr.
El primer tramo era por el pueblo y bien, ahí correr no era un problema y así lo hicimos para coger una buena posición. Pero no tardó mucho tiempo en empinarse el terreno. De pronto ya estábamos entre vegetación y con un suelo cada vez menos estable. Aunque las orientaciones de Cristo iban de maravilla para salvar los obstáculos y el terreno poco uniforme.
Al cabo de algunos kilómetros el ritmo seguía subiendo porque íbamos bien posicionados, Charlie y Cristo estaban muy fuertes y me eligieron a mi para completar su barra, así que yo no les podía fallar. Yo iba bien de ritmo, pero poco a poco empecé a tener problemas con el suelo de piedras y me torcía el tobillo una y otra vez, lo cual me hacía bajar el ritmo de vez en cuando. Pero en cuanto se pasaba el dolor volvíamos a subirlo. No parábamos ni siquiera en todos los avituallamientos para no perder tiempo. Ibamos muy bien porque alguna barra que teníamos por delante iba a ser penalizada. Iba a ser penalizada porque el reglamento así lo establecía. Nuestra barra estaba compuesta por Charlie que era B1 (Ciego total), yo que soy B2 (deficiente visual) y Cristo el guía, se podría decir que esta es una barra tipo. Y por delante nuestra teníamos alguna barra formada por un guía y 2 deportistas B2 incluso alguna con un deportista B2 y 2 guías, con lo cual estas barras tienen una penalización en tiempo al cruzar la meta. Y al acabar la carrera y cruzar la meta supimos que fuimos 2º en nuestra categoría (TR-VI-M Élite) a pocos segundos de los primeros.
No está nada mal para una carrera en la que si no me torcí el tobillo como 10 o 12 veces no me lo torcí ninguna, me dí algún que otro golpe con alguna piedra, y mentiría si dijera que no sufrí, porque la verdad que los últimos kilómetros se me hicieron eternos. Y tiene una explicación, yo nunca había corrido semejante distancia ni si quiera en asfalto. Pero es que además se llamaba media maratón, pero en el GPS me salieron 25 kilómetrazos, con lo cual o en montaña la media maratón es otra cosa o se mide diferente ;-). De hecho, aunque yo no había corrido nunca en montaña, era un sentir popular que se escuchaba al acabar la prueba que esta era una prueba dura y muy técnica.
En cualquiera de los casos, al acabar esa carrera y en el viaje de vuelta a casa ya les comenté a los compañeros de Valencia que no volvería a entrenar más montaña y mucho menos a competir en una carrera de montaña. De hecho al poco tiempo me llamaron de la federación española para decirme que me había clasificado para correr el kilómetro vertical y dije que no iba y es que ¡hasta el nombre sonaba ya duro!
Así que estas fueron mis andanzas en la carrera de montaña. A continuación tenéis un video reportaje sobre la prueba en el que aparezco en varios momentos.