Miguel Ángel Arroyo, malagueño de nacimiento, nacido el 12 de noviembre de 1983, mayor de 3
hermanos, y
cuyo recorrido
deportivo, ciertamente diverso, es un ejemplo de tesón y lucha contra una enfermedad
degenerativa congénita que va mermando paulatinamente su visión. De hecho, hasta los Juegos de
Pekín
2008 compitió de
forma autónoma y posteriormente ya no pudo hacerlo sin el apoyo de un guía.
Durante su infancia y adolescencia, Miguel Ángel padeció diversos problemas además de su discapacidad visual. Problemas como tener los pies planos y el síndrome de Genu Valgo, que se solucionaron con muchos años de zapatos ortopédicos y aparatos de hierro para enderezar sus rodillas (como los que llevaba Forrest Gump).
También tuvo problemas de sobrepeso, y ellos fueron la causa de que con 14 años comenzase a correr para eliminar esos kilos de más que le dificultaban en su día a día. La carrera a pie, además de conseguir el adelgazamiento deseado, iba a proporcionarle satisfacciones hasta entonces desconocidas. Tal era el disfrute de desplazarse cada vez más rápido con el mero impulso de sus piernas que, al cabo de los meses, la terapia pasó a ser un entretenimiento y el entretenimiento a competición cuando en 2001 se apuntó a una carrera popular en su ciudad natal.
Allí, su ya excelente planta –1,83 metros de altura y 74 kilos de peso– y facilidad al correr llamaron la atención de uno de los técnicos deportivos de la ONCE de Málaga, quien le auguró un buen futuro en el atletismo y le animó a que se propusiera progresar en esta disciplina. Aunque para especializarse en el atletismo tuvo que renunciar a otros deportes que por aquel entonces también practicaba: jugaba al fútbol sala para deficientes visuales en el equipo ONCE Málaga; hacía tiro olímpico con carabina para ciegos, consiguiendo un bronce en el primer campeonato nacional (2000); también practicaba judo, donde fue bronce en el nacional de 2002 en -73 kg; en estos últimos dos deportes tuvo posibilidades de llegar a la selección sino los hubiera dejado, pero el rendimiento requiere especialización y el eligió ser atleta.
Este año de la dedicación plena al atletismo coincidió con su traslado a Valencia en el curso académico 2001-2002 con el objetivo de estudiar allí Magisterio de Educación Física y posteriormente la licenciatura en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte ambas en la Universidad de Valencia. Una vez establecido en Valencia en 2002, y de mano de Antonio Montoya, atleta y entrenador establecieron las bases para que en temporadas sucesivas los horizontes y objetivos atléticos de Arroyo, especializado en 800 y 1.500 metros, se hicieran mayores.
Primero, logrando medallas en los campeonatos de España: codeándose con los mejores, para posteriormente, llegar al equipo nacional en 2006. Ese año debutó internacionalmente en el Campeonato del Mundo (IPC World Athletics Championships), celebrado en Assen. En la ciudad holandesa, famosa por su circuito de velocidad, el malagueño acabó 4.º (2:01.54) en 800 metros T12 y 8.º (4:24.56) en 1.500 metros T12 y, logró la medalla de oro (3:28.21) en relevos 4×400 T11-13 estableciendo además el record de España y del Mundo en esta prueba.
Tras su primera experiencia fuera de España, en 2007 Miguel Ángel volvió defender la camiseta nacional en los Juegos Mundiales de la IBSA en Sao Paulo (Brasil), donde se colgó la medalla de bronce (2:00.22) en 800 metros B2 y concluyó 6.º (4:18.50) en 1.500 B2. Con tales avales y a sus 24 años de edad, el mediofondista andaluz aumentó en 2008 su pasaporte deportivo viajando a los Juegos Paralímpicos de Pekín, llegando a ser segundo (1:58.07) en la segunda serie de semifinales en los 800 metros, y marcando el 7.º mejor tiempo de todos los participantes, por lo que se hizo con el diploma paralímpico. Dos días después, en la prueba de 1.500, Miguel Ángel también cayó eliminado en semifinales, quedando el 13.º entre todos los participantes en el ranking global.
Luego de la impactante vivencia paralímpica, en plena madurez atlética, asistió al Campeonato de Europa IBSA de Rodas 2009, en el que demostró mantenerse en el nivel de los mejores de su categoría: logrando ser 5.º (4:23.67) en 1.500 B2, y 4.º (2:03.52) en 800 B2-B3.
Sin embargo, el infortunio en forma de lesión vino a cruzarse en el camino del atleta malagueño. Una tendinitis rotuliana sobrevenida en el transcurso de la campaña de 2009 a causa del sobreentrenamiento motivó que tuviese que ser operado y abandonar el atletismo de forma temporal, si bien la larguísima recuperación –dos años– y las malas sensaciones que el atleta tuvo al comenzar la rehabilitación, con recaídas poco esperanzadoras, le condujeron a tomar la decisión de retirarse definitivamente del atletismo a finales de 2011.
No fue, pese a ello, un adiós al deporte. Tan connatural era la actividad física en la vida de Miguel Ángel y tales eran sus ganas de volver a los Juegos Paralímpicos que, en 2012, tras escuchar otro buen consejo de un gran amigo suyo, se determinó a probar en paratriatlón, modalidad que debutaría en los Juegos de Rio 2016.
En la nueva disciplina y con los colores del club Picassent, Miguel Ángel se proclamó en 2013, Campeón autonómico de duatlón y triatlón, campeón de España TRI-6 en Altafulla (Tarragona) y también campeón nacional de duatlón en Pontevedra. Asimismo, se estrenó como internacional en el Campeonato del Mundo en Londres, donde ocupó la 13.ª posición del total de participantes, con muy mala suerte en dicha participación, donde en el segmento del ciclismo se les salió el manillar del tándem y tuvo que acabar los últimos 1500 metros de este segmento corriendo a pie, mientras sus competidores le adelantaban en bici.
Pese al esfuerzo y al indudable éxito en la disciplina de los tres deportes, una circunstancia ajena al control de Miguel Ángel Arroyo vino a desbaratar, de nuevo, todos sus planes. La no inclusión de la clase (TRI-6 –en la que él competía–) en el programa deportivo de Río de Janeiro 2016, que provocó un nuevo y rápido giro en la trayectoria deportiva de Miguel Ángel, quien a consecuencia de esa decisión del Comité Paralímpico Internacional perdió el acceso a varias becas deportivas y apoyos. Por lo que de nuevo tuvo que reinventarse, y entonces se centró en el ciclismo para mantener viva su ilusión de volver a estar en unos Juegos Paralímpicos.
La primera temporada completa y a buen rendimiento de Arroyo en el deporte del pedal fue la de 2015. en el equipo Volcenter, entrenado por Eloy Izquierdo y llevando como piloto del tándem al ex ciclista profesional Toni Tauler. El andaluz y el balear dieron el primer aviso de sus intenciones en el Campeonato de España de Ciclismo Adaptado en Ruta de 2015, en Ciudad Real: medalla de bronce en línea y 5.º en contrarreloj. Al año siguiente y bajo el patrocinio de Hyundai Koryo, las prestaciones del binomio mejoraron –bronce en contrarreloj y plata en línea– en el nacional de ruta (Estepona, Málaga) y medalla de bronce en persecución en el nacional de pista (Galapagar, Madrid).
Parecía que de nuevo la suerte le sonreía a Miguel Ángel, pero muy poco después, en ese mismo verano de 2016, una nueva pérdida de visión de Miguel Ángel –quedó reducida al 5%– y a consecuencia de esta su incapacidad laboral forzada, sumieron al deportista en una depresión en la que estuvo sumergido durante mas de año y medio, lo que le llevó a ganar mas de 40 kilos de peso.
A pesar del nuevo revés del destino, el espíritu deportivo de Miguel Ángel Arroyo, ya alejado del atletismo, el triatlón y el ciclismo, le llevaron a afrontar otros retos deportivos como la Spartan Race (carrera de obstáculos considerada la carrera más dura del mundo) de Valencia, en diciembre de 2016 y que completó con la ayuda y compañía de sus dos hermanos, David y Juan, que venidos desde Málaga y Polonia respectivamente, hicieron las veces de guía. Además de correr la maratón de Valencia (su primera maratón), y una media maratón de montaña en los ParaSkygames celebrados en Andorra.
Tras algunos años negativos y apartado del rendimiento, una vez más Miguel Ángel se sobrepuso a la adversidad y en el verano de 2019 comenzó a practicar remo en el Club de Remo Ciudad de Valencia, donde sin entrenar con los mejores medios (entrenaba en una yola, una embarcación muy diferente a la embarcación con la que se competía) consiguió en muy poco tiempo sobresalir en los tests de acceso a la selección española de remo y asistir a concentraciones. Ahí estuvo durante todo el proceso de formación del equipo nacional hasta que, en mayo de 2021, a falta de pocas semanas para la regata clasificatoria para los Juegos Paralímpicos de Tokio lo dejaron fuera del equipo nacional en favor de otros componentes… tras este varapalo y muy descontento con la federación de remo Miguel Ángel decidió dejarse el deporte del remo.
En la actualidad se encuentra en un nuevo reencuentro con el deporte, poniéndose nuevamente en forma para volver, esta vez sin intención competitiva mas allá de divertirse y disfrutar del deporte, a correr por las pistas de atletismo, y quien sabe si preparar a conciencia alguna maratón.
Por lo demás, Miguel Ángel sigue viviendo en Valencia junto a su mujer, Alba, y sus dos hijos, Ángel y Helena. Aunque también en el ámbito personal y junto con Alba sigue rompiendo barreras. Y es que Alba y Miguel Ángel son la primera pareja con ceguera en ser familia acogedora en España. Y de vez en cuando en lugar de 4 son 5 en casa, ya que van acogiendo bebés de forma temporal.
Biografía extraída (y actualizada por mi mismo) del libro 341 Historias de Grandeza, de los autores Pepe Díaz García y José Manuel Rodríguez Huertas.
Si queréis profundizar más sobre mis andanzas o sobre como es algún deporte en concreto, o sobre otros aspectos podéis pasaros por el blog dónde hablo con más detalle sobre un montón de cosas.