El fútbol sala fue el primer deporte que empecé a practicar como tal. Empecé a practicarlo en el colegio y instituto, pero debido a mis problemas obvios de visión no era muy bueno, pero yo me lo pasaba genial. Cuando empecé a relacionarme con gente de la ONCE descubrí los deportes adaptados para personas con problemas visuales igual que yo, en el que “todos estaríamos en igualdad”, si, lo pongo entre comillas porque mas adelante explicaré el porqué.
Bien, pues me apunté a fútbol sala para deficientes visuales y empecé a entrenar con el equipo ONCE MÁLAGA. En el que coincidí con Ivan, un viejo amigo de los campamentos de verano, y este me ayudó a integrarme mejor en el equipo. Equipo en el que había gente de todas las edades, y en los entrenamientos venían amigos de los jugadores y del entrenador sin ninguna discapacidad, para que fuéramos más y además ayudarnos a subir el nivel.
En el fútbol sala para ciegos y deficientes visuales existen dos categorias, los B1 - ciegos totales y los B2 - deficientes visuales. En los primeros hay una serie de adaptaciones como que la pelota lleva cascabeles; el terreno de juego está acotado por vallas, con lo que no hay fueras y estas además sirven de guías a los jugadores; todos los jugadores llevan un antifaz para así igualarlos, ya que algunos ven sombras otros bultos, otros nada...; también existe la figura del guía que es una persona vidente que se coloca detras de la portería rival y que mediante voces o golpes en los postes de la porteria ayuda a ubicarse a los jugadores de su equipo; y los porteros son personas sin discapacidad. Y en el fútbol sala B2 no hay ninguna adaptación respecto al fútbol sala de personas sin discapacidad.
Antes, cuando me refería entre comillas a que todos estaríamos en igualdad de condiciones, lo he hecho así porque igualdad no es que hubiera mucha en muchos aspectos, aunque quizá esto sirviera para madurar antes. Cuando empecé yo tenía 16 años y en mi equipo había gente de hasta mas de 40. Pero no solo en mi equipo, cuando empezó la liga e íbamos a jugar contra los demás equipos de Andalucía resulta que los demás equipos eran todos de gente bastante más adulta que yo, todos tenían 30-40 años. Con lo cual yo muchas veces me sentía intimidado a la hora de ir a por un rival o a la hora de intentar regatearlo. Pero no solo esa era la diferencia, sino que además muchos de esos jugadores veían infinitamente más que otros como yo. Y esto era muy fácil de comprobar, yo jamás en la vida pude rematar un balón de cabeza, para mí era imposible empalmar un balón en el aire a media altura, no pude ni si quiera controlar un balón de pecho sin romperme las gafas… y jugábamos contra equipos que hacia todo eso y mas gestos y acciones que implican una buena agudeza visual, como pases al hueco, regates sobre la línea de fuera… sin ir más lejos la mayoría, por no decir todos, los componentes de la selección española coincidía que eran los que más veían.
Bueno, en Málaga creo recordar que jugué 2 o 3 temporadas, primero con Felix y luego con Antonio Ruiz, temporadas en las que aprendí mucho sobre el fútbol sala, estratégica y tácticamente hablando. Y al cabo de 20 años o así me tocó estar en el otro lado que comentaba antes, en el de los mayores. Y es que cuando volví a jugar a fútbol sala, allá por el año 2015 en el equipo de ONCE Valencia éramos 3 o 4 jugadores de entre 30 y 40 años y el resto eran chavales de 18-20 años.
En el equipo de Valencia jugué 1 temporada entera y en la siguiente se clasificaron para el campeonato de España y como les faltaba gente pues acudí con ellos, para ayudarles en lo físico y que algunos jugadores pudieran tener descansos, no porque yo fuera un crack del fútbol sala y fuera a salvarles metiendo 4 o 5 goles en cada partido. Pero bueno, para mi también fue un premio estar ahí y disfruté mucho del viajes y del campeonato.
Tras ese campeonato no volví a entrenar más, no por nada, sino que los horarios
de entrenamientos no
me
venían nada bien, así que lo dejé. Aún a día de hoy sigo pensando en volver algún día.